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De cadete a dueño: La historia de Claudio Armario y el sueño cumplido de su nueva panadería

El reconocido panadero pringlense abrió su nuevo local en calle Alem casi Belgrano, luego de décadas de trabajo en el rubro. Entre recetas heredadas, largas jornadas y el acompañamiento de toda su familia, Claudio Armario apuesta a seguir creciendo con productos artesanales y la calidas de siempre.

 De cadete a dueño: La historia de Claudio Armario y el sueño cumplido de su nueva panadería
La apertura de un nuevo comercio siempre genera expectativa en Coronel Pringles, pero cuando detrás existe una historia de sacrificio, perseverancia y amor por el oficio, el acontecimiento adquiere un significado especial. Eso es justamente lo que ocurre con el nuevo local de Claudio Armario, el panadero y confitero pringlense que inauguró recientemente su espacio propio en calle Alem 824, casi Belgrano, consolidando así un camino de décadas ligado al trabajo artesanal y familiar. La emoción todavía se nota en cada palabra. Rodeado de bandejas, hornos, facturas recién hechas y el movimiento constante de clientes que entran y salen, Armario repasó cómo fueron sus comienzos y el largo recorrido que lo llevó a este presente. "Ésta realmente es una historia de lucha y de decir que se puede, cuando uno tiene el objetivo planteado y vocación por lo que hace", expresó durante la entrevista, dejando en claro que detrás de cada medialuna y cada bizcocho existe mucho más que un emprendimiento comercial.



 De cadete a dueño: La historia de Claudio Armario y el sueño cumplido de su nueva panadería


Los primeros pasos en la vieja panadería La Flor

La historia de Claudio comenzó cuando todavía era muy chico. Mientras cursaba la escuela primaria, entre sexto y séptimo grado, ingresó a trabajar en la histórica panadería "La Flor", ubicada en San Martín y Dorrego. "Ahí empecé de cadete, haciendo de todo un poquito. Me gustó mucho la parte de confitería y el dueño que estaba en ese momento era confitero, así que me fue orientando", recordó.

Ese primer contacto con el oficio terminó marcando su vida para siempre. Con el tiempo apareció otra figura fundamental, un viejo maestro pastelero que decidió transmitirle conocimientos y secretos que antes eran casi imposibles de conseguir. "Los confiteros de antes eran muy de trabajar solos y de no dar recetas. Este hombre me dijo: "?si vos querés aprender el oficio, yo ya estoy viejo y te voy a enseñar todo lo que sé"?. Y así fue. Él fue el maestro que tuve", contó Claudio.

Aquellas enseñanzas fueron el punto de partida de una carrera íntegramente ligada a la panadería y la pastelería. "Toda la vida trabajé en ésto. Siempre dentro de la panadería, más que nada en pastelería y confitería", afirmó.
Con el paso de los años, Claudio fue construyendo su propio camino. Hace ya dos décadas decidió iniciar un emprendimiento junto a su familia, apostando a la elaboración artesanal y a la cercanía con el cliente. "Nosotros abrimos hace 20 años, el 6 de junio se cumplen justamente los 20 años", relató con orgullo.

Ese emprendimiento, conocido por muchos vecinos como "Todo Caserito", continúa funcionando en calle 17 Nº 856 y seguirá abierto normalmente. Sin embargo, hace algunos meses apareció una oportunidad inesperada, la posibilidad de adquirir el fondo de comercio de la panadería ubicada en Alem y Belgrano. "Salió la posibilidad de que Javier Artola cerraba la panadería. Charlamos, sacamos números y arreglamos el fondo de comercio para poder seguir nosotros acá", explicó.

La decisión implicó un enorme esfuerzo económico y laboral, pero la familia entendió que era una oportunidad importante para crecer y afianzarse definitivamente en el rubro.
La inauguración oficial se realizó recientemente, aunque los días previos fueron intensos y agotadores. Claudio relató que prácticamente vivieron dentro del local durante una semana. "Durante una semana estuvimos viniendo desde las seis de la mañana hasta las diez de la noche. Hubo que hacer reformas, cambiar todas las cosas de un salón al otro, modificar puertas y reorganizar todo", detalló.

Incluso fue necesaria la llegada de personal especializado desde Olavarría para realizar algunos trabajos específicos en el frente del comercio.

Pese al cansancio acumulado, la satisfacción por haber logrado concretar el proyecto fue mucho más fuerte. Además, la respuesta de la comunidad superó ampliamente las expectativas. "La gente respondió muchísimo. El primer día que abrimos se llevaron  todo, tanto acá como en Todo Caserito. La verdad es que se vendió muy bien", señaló.

Uno de los principales objetivos de Armario es mantener la esencia que lo caracteriza desde hace años: productos elaborados artesanalmente y con recetas tradicionales. "Ofrecemos lo mismo de siempre. Las mismas facturas, los bizcochos, los materos, porque siempre está la misma mano trabajando", aseguró.

La propuesta incluye también panes especiales, grisines, prepizzas y productos con distintas variantes, tanto con sal como sin sal y con semillas. Pero además, el nuevo local permitirá ampliar la oferta. Claudio adelantó que próximamente comenzarán a incorporarse nuevas elaboraciones. "Voy a empezar a hacer algunos panes más artesanales y también comidas, como empanadas y tartas. Ya tenemos todo preparado para largar con eso", explicó.

Detrás de este crecimiento aparece también el acompañamiento permanente de toda la familia. Claudio no duda en remarcar que el proyecto es colectivo y que el esfuerzo es compartido. "Acá va a atender mi señora Valeria, yo hago toda la parte de elaboración y siempre tuve ayuda de mi hijo, de mi hija y también de los hijos de ella. Todos trabajan a la par", destacó.

La dinámica familiar es intensa. Mientras uno atiende, otro cocina, otro acomoda mercadería y otro se ocupa de las entregas. El nuevo local no sólo representa una fuente laboral, sino también 
El nuevo local funciona en Alem 824 y tendrá horarios amplios para facilitar la atención al público. "Vamos a abrir de 8 de la mañana a 12:30 y después desde las 4 de la tarde hasta las 19:30 0 20 hs, dependiendo del movimiento", explicó Claudio.

Los domingos también habrá atención, tanto por la mañana como por la tarde, mientras que el emprendimiento de calle 17, continuará funcionando normalmente. La idea es que ambos espacios puedan complementarse y seguir ofreciendo la calidad que los vecinos ya conocen desde hace años.
De esta manera, mientras las bandejas vuelven a llenarse de facturas recién horneadas y el aroma invade el salón, queda claro que detrás de cada producto hay mucho más que harina y azúcar: hay una vida entera dedicada al oficio.

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