En un rincón de Coronel Pringles donde el campo, los caballos y la solidaridad se encuentran, cada jueves ocurre algo especial. En el predio de "La Soñada", decenas de chicos y jóvenes viven una experiencia que va mucho más allá de una simple actividad recreativa. Allí funciona el taller municipal de equinoterapia, una propuesta que combina inclusión, aprendizaje, contención y alegría.
La referente del espacio, Jimena Urban, dialogó sobre el trabajo que vienen realizando y el crecimiento que ha tenido esta iniciativa, que se ha convertido en un verdadero punto de encuentro para muchas familias de la ciudad.
"Sí, sí, todos los jueves tenemos el taller de equinoterapia. En este caso es el gran grupete de los jueves mágicos que decimos nosotros, que lo etiquetamos el año pasado", contó.
La propuesta reúne principalmente a jóvenes del Taller Protegido, aunque también se fueron sumando chicos con discapacidad que no forman parte de esa institución. "Se ha abierto la convocatoria en este turno, en este horario que vienen ellos, de chicos que no pertenecen al taller", explicó Urban.
Las jornadas comienzan a las 14:30 y se extienden hasta las 17 horas. Durante ese tiempo, los participantes realizan distintas actividades vinculadas con los caballos, pero también con juegos y ejercicios que apuntan al desarrollo motriz, intelectual y emocional.
"Dan una vueltita a caballo, los que quieren repetir después hacemos todo un circuito. Algunos están con manejo ya del año pasado que estaban manejando solos. Otros están incursionando en el manejo ahora del caballo", detalló.
La actividad está pensada de manera integral. Además de montar, los chicos trabajan coordinación, memoria y reconocimiento espacial mediante circuitos, pelotas, aros y ejercicios guiados. "Tenemos trabajo con motricidad, con pelotas, con aros y un recorrido como para que ellos recuerden y tengan la memoria y agilizar y hacer el recorrido que uno le va marcando", señaló.
Pero el espíritu de los llamados "Jueves Mágicos" no termina allí. El espacio también propone momentos recreativos y sociales que fortalecen vínculos y generan un clima de alegría permanente. "Pusimos unos juegos mágicos porque no solo es el hecho de venir a andar a caballo sino que se comparte. Comparten la jugada de tejo, hay ronda de juegos de mesa, dominó, juegos de carta", relató Jimena.
Las anécdotas no faltan. Entre risas, Urban contó que algunos de los chicos desarrollaron sorprendentes habilidades para los juegos. "Tenemos uno que es un maestro en el juego de los iguales. Nadie le quiere jugar porque siempre les gana. Pero ya descubrimos que también tiene una trampita ahí", comentó divertida.
La estimulación también se trabaja desde lo sensorial y el contacto con el entorno natural. "Salimos a recorrer al potrero y ellos hacen reconocimiento de aves y de sonidos. Les decimos: -¿Dónde está el tero?- Entonces empiezan a buscar", explicó.
Según detalló, actualmente el grupo principal está conformado por 19 participantes con asistencia casi perfecta. "No fallan nunca", aseguró orgullosa. Además, los jueves desde las 13 horas también asisten chicos de primer ciclo de la Escuela Especial 501.
Uno de los aspectos más destacados del proyecto es el notable avance que muchos de los participantes han tenido en relación al manejo de los caballos y la autonomía personal. "El año pasado venían tres solamente con habilidades arriba del caballo. Y ahora te puedo asegurar que son más de diez que tienen autonomía arriba del caballo", remarcó.
Ese crecimiento implica mucho más que aprender a dirigir un caballo. "Nosotros de abajo asistimos en marcar el recorrido, pero ellos manejan el caballo a donde ellos direccionen. Si tienen que frenar, frenan. Si tienen que impulsar el caballo para que inicie la marcha nuevamente, lo impulsan", explicó.
La actividad requiere también de un importante trabajo de voluntariado y acompañamiento profesional. Urban destacó que cuentan con asesoramiento de psicomotricistas, kinesiólogos y docentes de la Escuela Especial. "Siempre tenemos un equipo, siempre estamos consultando", afirmó.
En paralelo, resaltó la importancia de los voluntarios que colaboran cada semana. "A veces no es necesario tener conocimiento con el caballo sino compartir también con ellos. Es sentarse, acompañarlos a jugar al tejo o al dominó", expresó.
Para Jimena y quienes integran La Soñada, el intercambio humano es uno de los mayores valores de la experiencia. "A veces uno recibe más de lo que da porque a uno le cambia el día, le cambia el humor", sostuvo emocionada.
Mientras algunos chicos esperaban ansiosos su turno para subirse al caballo y otros disfrutaban de los juegos, Urban dejó una invitación abierta a toda la comunidad. "Los jueves estamos abiertos. Pueden venir, traer el mate, acompañarnos y conocer el espacio", concluyó.
En tiempos donde muchas veces predominan las malas noticias, La Soñada demuestra que la inclusión, el compromiso y el afecto pueden convertirse en herramientas poderosas para transformar vidas.