Finalmente, el 24 de abril de 1944 quedó establecida la letra oficial tal como se la conoce en la actualidad, unos tres minutos de duración mientras que la original duraba veinte minutos.
La música también llegó diferente al presente. La partitura original de Blas Parera sufrió varios arreglos a lo largo de los años hasta que en 1944 se aprobó por decreto la versión musical definitiva que escuchamos hoy, basada en los arreglos de Juan Pedro Esnaola.
El escritor y poeta
Vicente López y Planes nació en Buenos Aires el 3 de mayo de 1785. Fue muy activo en la vida pública: además de escribir, fue abogado, soldado durante las Invasiones Inglesas y llegó a ocupar cargos políticos de gran relevancia, como el de Presidente Provisional de las Provincias Unidas en 1827.
Himno Nacional Argentino (Versión Original de 1813)
Coro: ¡Sean eternos los laureles, que supimos conseguir! Coronados de gloria vivamos... ¡O juremos con gloria morir!
I. ¡Oíd, mortales, el grito sagrado: Libertad, Libertad, Libertad! Oíd el ruido de rotas cadenas, ved en trono a la noble igualdad. Se levanta a la faz de la Tierra una nueva y gloriosa Nación, coronada su sien de laureles, y a sus plantas un león rendido yació.
II. De los nuevos campeones los rostros marte mismo parece animar; la grandeza se anida en sus pechos: a su marcha todo hace temblar. Se conmueven del Inca las tumbas, y en sus huesos revive el ardor, lo que va renovando a sus hijos de la patria el antiguo esplendor.
III. Pero sierras y muros se sienten retumbar con horrible fragor: todo el país se conturba por gritos de venganza, de guerra y furor. En los fieros tiranos la envidia escupió su pestífera hiel; su estandarte sangriento levantan provocando a la lid más cruel.
IV. ¿No los veis sobre México y Quito arrojarse con saña feroz? ¿Y cuál lloran bañados en sangre Potosí, Cochabamba y La Paz? ¿No los veis sobre el triste Caracas luto y llantos y muerte esparcir? ¿No los veis devorando cual fieras todo pueblo que logran rendir?
V. A vosotros se atreve, argentinos, el orgullo del vil invasor; vuestros campos ya pisa contando tantas glorias hollar vencedor. Mas los bravos, que unidos juraron su feliz libertad sostener, a esos tigres sedientos de sangre fuertes pechos sabrán oponer.
VI. El valiente argentino a las armas corre ardiendo con brío y valor, el clarín de la guerra, cual trueno, en los campos del Sud resonó. Buenos Aires se pone a la frente de los pueblos de la ínclita unión, y con brazos robustos desgarra al ibérico altivo león.
VII. San José, San Lorenzo, Suipacha, Ambas Piedras, Salta y Tucumán, La Victoria en su alada carrera por sus propios altares marchó. Libertad y Victoria su nombre a la tierra y al cielo anunció.
VIII. La victoria al guerrero argentino con sus alas brillantes cubrió, y azorado a su vista el tirano con infamia a la fuga se dio; sus banderas, sus armas se rinden por trofeos a la libertad, y sobre alas de gloria alza el pueblo trono digno a su gran majestad.
IX. Desde un polo hasta el otro resuena de la fama el sonoro clarín, y de América el nombre enseñando les repite: "¡Mortales, oíd!" Ya su trono dignísimo abrieron las Provincias Unidas del Sud! Y los libres del mundo responden: "¡Al gran pueblo argentino, salud!"