Si bien todos lo conocemos como "el chileno", él mismo aclara con una sonrisa: "Yo soy argentino ahora, porque hice la ciudadanía, pero nací en Chile.
Llegó a Pringles siendo muy joven (21 años) y su ingreso al Municipio tiene una historia particular. Daniel recuerda: "Yo rendí un examen para entrar a la Municipalidad. Éramos como 22 los que rendimos y yo gané. No se cómo, pero lo gané".
Justo después de ese concurso surgió una dificultad: una normativa indicaba que, si había argentinos, no podía ingresar un extranjero. En ese momento Daniel aún tenía residencia precaria. Pero el destino quiso otra cosa. "Subiendo las escaleras me encuentro con quien era intendente en ese momento, Scavuzzo. Yo no lo conocía. Le pregunté si era el intendente y le conté lo que pasaba. Y me dijo: "si te hicieron rendir, el puesto es tuyo".
Daniel ingresó al Municipio en junio de 1990. Su recorrido fue amplio y comprometido:
Comenzó trabajando en un Centro Barrial, donde realizó su prueba de ingreso.
Luego continuó en otro centro barrial, La Josefina.
Más tarde pasó a Acción Social del Hospital, donde trabajó casi 15 años.
Posteriormente, junto a Telémaco Subijana, formó el área de Tercera Edad y Discapacidad, un espacio que recuerda como fruto de un gran trabajo.
Después regresó al Hospital: 7 años en Ventanilla y finalmente en Facturación, área en la que se desempeñó hasta su jubilación.
Sobre esta nueva etapa, Daniel comparte con humor y emoción: "tengo muchos proyectos personales. Compartir con mi familia porque ellos son un rol fundamental. Cuando te jubilás te quedás con la familia. Le decía a mi señora, que hace 35 años que no me aguantaba en la casa, ahora me verá todos los días. Así que es un volver a empezar- La tengo que volver a enamorar otra vez para que me soporte.
De su paso por el Municipio destaca especialmente los vínculos que construyó: "conocí personas excelentes, muy agradables. Como Iñaki, un gran amigo y para mí un gran compañero. Conocí personas magníficas".
Daniel también recuerda cómo su familia fue descubriendo el cariño de la comunidad pringlense: "siempre existía como una rivalidad entre Argentina y Chile, algo tan absurdo. Después que vino mi familia acá se dio cuenta que Pringles nada que ver, que el argentino es distinto, que tenemos que crecer más como personas".
Y deja un deseo para quienes continúan trabajando por la comunidad: "espero que así como el cariño que yo le tuve a la municipalidad y que le tengo, otras personas también lo tengan y que sirva todo lo que uno forjó y ayudó para que el Municipio sea mejor en calidad y servicio".
Aunque comienza una nueva etapa, Daniel asegura que los lazos continúan: "voy a seguir en contacto con mis compañeros, con mis amigos y con el vecino. Mucha gente me reconoce de las distintas áreas en las que estuve, nos saludamos en la calle y hemos formado amistades. Así que creo que tan mal no hice las cosas".