La científica argentina Soledad Palameta Miller, de 36 años, quedó en el centro de una investigación judicial en Brasil tras la desaparición de virus peligrosos de un laboratorio de alta seguridad. El hecho ocurrió en la Universidad Estatal de Campinas (Unicamp), en el estado de San Pablo, y generó alarma por el tipo de material involucrado y el lugar donde se produjo.
Todo se remonta al 13 de febrero, cuando se detectó el faltante en un laboratorio de nivel 3, el más exigente en términos de bioseguridad dentro del país. No se trataba de cualquier muestra: según la prensa brasileña, los virus desaparecidos eran cepas de gripe H1N1 y H3N2, agentes capaces de provocar enfermedades respiratorias graves y de rápida propagación.
A partir de ese momento, la situación escaló rápidamente. Palameta Miller, quien se desempeña como docente y además coordina el Laboratorio de Virología y Biotecnología Alimentaria, fue detenida en un primer momento. Sin embargo, recuperó la libertad poco después y continúa imputada mientras avanza la causa.
Su perfil académico, en paralelo, muestra una trayectoria consolidada. Se graduó en Biotecnología en la Universidad Nacional de Rosario y luego realizó su doctorado en Ciencias Farmacéuticas en la propia Unicamp, donde trabajó entre 2014 y 2019. Actualmente, lidera investigaciones vinculadas a vigilancia epidemiológica, diagnósticos y desarrollo de terapias relacionadas con virus transmitidos por alimentos y agua.
Desde la Policía Federal de Brasil señalaron que enfrenta cargos por hurto agravado, fraude procesal y transporte ilegal de organismos genéticamente modificados. Es decir, un combo de acusaciones que, de comprobarse, podría derivar en consecuencias judiciales de peso.
Del otro lado, la defensa plantea una versión completamente distinta. El abogado Pedro de Mattos Russo sostiene que no existen pruebas de robo y que la investigadora habría utilizado el laboratorio ante la falta de instalaciones propias. En otras palabras, niega cualquier maniobra ilícita y cuestiona la interpretación de los hechos.
Mientras tanto, la investigación también se amplió hacia su entorno más cercano. Su esposo, el veterinario Michael Edward Miller, quien cursa un doctorado en Biología Molecular en la misma universidad, quedó bajo análisis por una posible participación. Ambos están vinculados a la empresa Agrotrix, dedicada a la producción de virus modificados para uso veterinario, un dato que sumó interés -y también sospechas- en el expediente.
Desde el rectorado de la Unicamp informaron que, al detectarse el faltante, se dio aviso inmediato a la Policía Federal y a la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa), que intervino con apoyo técnico en el caso. En ese marco, se realizaron allanamientos en los que se logró recuperar el material biológico, que ahora permanece bajo custodia oficial para su análisis.
Con información de Los Andes