Con la llegada del verano, las rutinas cambian y también lo hacen los tiempos dedicados a la lectura. En la Biblioteca Popular Pringles, ese movimiento se percibe claramente. Así lo explica su bibliotecaria, Jesica Saldías, quien desde el mostrador observa cómo muchos vecinos aprovechan las vacaciones para acercarse a los libros.
"No sé si se lee más en cantidad, pero sí cambia la gente que viene", señala Saldías. "Hay personas que durante el año no pueden acercarse por el trabajo o las obligaciones, y en verano encuentran ese espacio. Por ejemplo, muchas maestras empiezan a venir en esta época". Esa rotación de lectores hace que la biblioteca tenga un movimiento particular, con nuevos rostros y otros que regresan después de meses.
En cuanto a los gustos literarios, la tendencia es clara. "La mayoría de lo que se lee, es novela", afirma. Y dentro de ese universo, hay un género que se impone por sobre el resto: "El romántico es el que más se mueve, no solo acá sino en general. Es el que impulsa a las editoriales y permite después publicar libros más específicos". Junto al romance, también tienen buena salida el policial, la fantasía y la ciencia ficción, mientras que los textos políticos o de actualidad quedan relegados a un público mucho más reducido.
Para Jesica, ésto tiene una explicación que va más allá de lo literario. "La situación general lleva a que uno necesite cortar un poco. Muchos lectores nos dicen que leen antes de dormir, como una forma de relajarse". En ese sentido, la novela aparece como una vía de escape frente a la sobrecarga informativa. "Algunos comentarios que escuchamos seguido son: "?para eso miro las noticias"?. La idea es salir de ese estado en el que la tecnología nos mete todo el tiempo", reflexiona.
La Biblioteca Popular cuenta con un acervo importante. "Tenemos alrededor de 40.000 libros, en realidad ya estamos cerca de los 42.000 números de inventario", detalla. Sin embargo, aclara que ese número se mantiene relativamente estable. "Hacemos expurgo: sacamos material viejo o que ya no se usa para que puedan entrar libros nuevos. Si no, no hay espacio físico". De ese total, una gran parte corresponde a novelas, justamente el material más buscado por los socios.
El factor económico también juega un papel clave. "Los libros están carísimos", reconoce Saldías. La biblioteca realiza su compra anual en la Feria del Libro gracias al apoyo del programa de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares. "Todos los años recibimos un subsidio, pero aunque el monto aumenta, cada vez alcanza para menos", explica. Esa realidad hace que el sistema de préstamo resulte cada vez más atractivo. "Si sos lector y querés leer dos o tres libros por mes, comprar se vuelve imposible. En cambio, con una cuota mensual de unos 5.000 pesos, la biblioteca conviene muchísimo".
En ese punto, Jesica remarca la importancia del acompañamiento comunitario. "Siempre aclaro que la biblioteca es popular, no pública. No dependemos del Estado: nos sostienen los socios". Y agrega: "Hay mucha gente que colabora, que dona, que entiende la importancia de que esta institución siga abierta y sea accesible para todos".
Mantener ese equilibrio no es sencillo. "Si subiéramos la cuota para cubrir todos los gastos, dejaría afuera a quienes más necesitan el acceso a la lectura", advierte. Por eso, destaca la respuesta solidaria de la comunidad. "Cada vez que tenemos un problema, la gente de Pringles responde. Siempre hay nuevos socios y eso es algo para agradecer".
En tiempos de pantallas, apuros y noticias constantes, el verano vuelve a confirmar que el libro sigue siendo un refugio. Y en Coronel Pringles, la biblioteca continúa siendo el espacio donde ese encuentro con la lectura es posible.