La realidad del campo y de las agronomías en Coronel Pringles está fuertemente condicionada por el clima, una variable que define no solo las cosechas, sino también el movimiento comercial. Así lo expresó Cristina Mauri, propietaria de una agronomía local, quien brindó un panorama detallado sobre cómo transcurrió la última temporada y cuáles son las expectativas para este 2026. "Ésto se maneja todo con el clima. No llueve, no hay movimiento. Cuando llueve, sale todo rápido y se vende todo. Es así de simple", resumió Mauri, al explicar la dinámica diaria del sector. Según indicó, la campaña comenzó con excesos hídricos que impidieron trabajar con normalidad, pero luego se pudo avanzar con gran parte de la siembra, aunque no sin cambios en las estrategias productivas. "Tuvimos primero mucha agua y no se podía salir a trabajar. Después se pudo hacer la siembra en gran parte, pero mucha gente cambió la estrategia, dejó algunas semillas y se volcó a otras", explicó.
Esa adaptación constante es una característica del productor agropecuario, que debe responder rápidamente a las condiciones del mercado y del clima.
La situación se volvió compleja nuevamente en las últimas semanas, cuando la falta de lluvias empezó a hacerse sentir con fuerza. "Estábamos en una sequía impresionante, con los maíces, los girasoles y los verdeos sufriendo mucho. Fue muy duro", relató. En ese contexto, muchos productores decidieron priorizar la ganadería por sobre los cultivos tradicionales. "Hoy la gente se dedica más a la hacienda, porque es lo que vale. El cereal no vale, entonces se vende más para verdeos de verano, sorgos diferidos y ese tipo de alternativas", detalló.
A pesar de las dificultades, las lluvias recientes trajeron algo de alivio. "Gracias a Dios llovieron esos cincuenta milímetros y eso hizo muy bien. Si vuelve a llover, bienvenida sea, porque enero por lo general es un mes seco y se sufre mucho", sostuvo, con moderado optimismo.
En cuanto a los rendimientos, Mauri destacó que los resultados dependen en gran medida del manejo que haya tenido cada productor. "El que fertiliza bien y hace las cosas como corresponde tuvo excelentes cosechas. El que hizo las cosas más o menos, tuvo resultados aceptables, pero en general fue mejor que otros años", afirmó, y recordó el testimonio de un cliente que, después de una década complicada, logró volver a producir con buenos resultados.
Con 33 años de trayectoria en la actividad, Cristina reconoce que el camino no ha sido sencillo. "Reponer mercadería hoy cuesta muchísimo. Un pallet puede valer diez millones de pesos y lo tenés que repartir entre varios clientes, no es fácil", admitió. Sin embargo, aseguró que sigue adelante por vocación. "Esto es lo mío. No sé qué me pasaría si lo dejara", confesó.
Mirando al futuro, destacó que el desafío sigue siendo sostener al productor, especialmente al más chico. "El productor chico siempre la tiene más difícil que el grande, y más después de cosas tan duras como los incendios que vivimos", señaló. Aun así, remarcó que hay expectativas y que el campo, con trabajo y constancia, siempre vuelve a ponerse de pie.