Un hecho de violencia e incertidumbre alteró la tranquilidad habitual, cuando un joven desconocido ingresó a un comercio de nuestra ciudad, ubicado en calle 16 al 1.120 y protagonizó una serie de destrozos, generando temor, entre quienes se encontraban trabajando en el lugar.
Según el testimonio de Daniel Pirola, todo comenzó cuando un muchacho apareció con la intención de dejar su motocicleta dentro del local. "Yo le dije que no, porque no había lugar y porque no sabíamos quién era. Pero cuando me di cuenta, la moto ya estaba adentro", explicó. En ese momento, Pirola se encontraba acompañado por su yerno y otra persona vinculada al comercio.
El joven se manejaba con total naturalidad, como si fuera un cliente habitual. "Él se comportaba como si fuera un lugar que frecuentaba, como si conociera a la gente", relató Pirola. Tras dejar la moto, el muchacho se retiró y regresó poco después, asegurando que venía de la escuela y preguntando insistentemente por una joven llamada Valentina, quien, según los dueños, no se encontraba allí.
Al recibir una respuesta negativa, la situación comenzó a escalar. "Le dijimos que Valentina no estaba, que se estaba equivocando. Pero empezó a enojarse cada vez más", recordó Pirola. Fue entonces cuando el joven se dirigió hacia el fondo del inmueble y causó importantes daños. "Rompió una puerta que da al patio y un vidrio de la puerta que entra a la cocina. Esta casa tiene también un departamento, y todo es por la parte del patio", detalló.
Tras provocar los destrozos, el agresor volvió a ingresar al comercio visiblemente alterado, repitiendo el nombre de la joven y manifestando su enojo. "Entró muy enojado, preguntando por Valentina una y otra vez. Nosotros le decíamos que no estaba, que no era ahí", señaló Pirola.
El estado del muchacho era evidente. "No se podía ni mantener parado. Estaba alcoholizado, drogado, claramente en mal estado", afirmó. Luego de algunos minutos, el joven salió nuevamente, encendió la moto y se fue del lugar, con dificultades para conducir. "Calentó la moto un poco y se fue como pudo. Mi yerno me llamó y cuando llegué ya no estaba, iba llegando a la avenida", agregó.
De acuerdo al relato, el joven aseguró que era perseguido por inspectores y por ese motivo quería resguardar la moto. Incluso, según contaron, los inspectores llegaron al lugar y, tras escuchar su pedido, se retiraron sin secuestrar el vehículo. "Él les pidió por favor que no se la llevaran porque estaba trabajando, y los inspectores se fueron", indicó Pirola, aún sorprendido por lo ocurrido.
Por su parte, Florencia Hengl destacó que nunca antes habían tenido problemas de este tipo. "Es un barrio tranquilo, siempre trabajamos hasta las doce o una de la mañana y jamás pasó algo así. Viene gente de todo tipo, chicos que toman, que andan de noche, pero siempre con respeto", expresó.
Tras el episodio, los damnificados llamaron al móvil policial y realizaron la denuncia correspondiente. "La Policía actuó rápidamente. Fuimos a declarar y entregamos los videos de las cámaras de seguridad, donde quedó registrada la agresión", explicó Hengl.
Aunque el susto fue grande, ambos coincidieron en que el acompañamiento policial fue correcto. "Sinceramente, estamos conformes con cómo actuaron. Pero te sorprende, porque de ser todo muy tranquilo, de golpe pasa algo así. Hay que estar preparados para todo", reflexionó Pirola.
El hecho dejó preocupación entre los comerciantes del barrio, que no están acostumbrados a situaciones de violencia, y sirve como advertencia para reforzar la atención y la prevención en horarios nocturnos.