En la sala de elaboración de alimentos del CIMAC, ubicada en Coronel Pringles, Marcelo Migüel despliega a diario su pasión por la gastronomía. Es uno de los elaboradores que forman parte de este espacio impulsado por el municipio, que promueve la producción local en condiciones adecuadas y con el respaldo técnico necesario.
Marcelo se dedica a la elaboración de pastas frescas artesanales, y su emprendimiento, que lleva adelante con constancia y creatividad, crece con el paso del tiempo. "Yo hacía otra cosa. Con la pandemia me quedé sin trabajo y empecé de cero. Aprendí mirando y de a poco me fui metiendo en este rubro", recuerda. "Ya llevo más de cinco años haciendo pastas, y desde hace un año y medio que trabajo en esta sala, que es espectacular".
En su producción destacan los sorrentinos de jamón y queso, los de pollo y verdura, los raviolones de ricota y nuez y algunas creaciones más novedosas como los sorrentinos de osobuco al vino tinto, que, según cuenta, "pegó muy bien, fue una de las sorpresas de este mes".
La rutina en la sala está organizada por turnos entre los distintos elaboradores. "Yo vengo todos los días. Mi turno es a la mañana, pero si tengo tiempo vengo también a la tarde. Nos vamos turnando para que todos puedan usar el espacio y dejarlo limpio para el siguiente", explica. "Sábado, domingo y feriados es cuando más se vende, y de diez y media a una estoy entregando pedidos. Ya la gente sabe y viene sola, eso está buenísimo".
En vacaciones de invierno, nota que el ritmo cambia un poco. "La gente se levanta más tarde, así que yo me quedo hasta más tarde también. A veces me voy a las 3 o 4 de la tarde porque siguen viniendo. Si alguien necesita, me manda un mensaje y yo vengo, tengo los productos congelados y listos para entregar", comenta.
Respecto a las herramientas con las que cuenta, detalla: "Trabajo con una sobadora, que uso para estirar la masa. Según el tipo de pasta, la dejo más o menos fina. Con los recortes que quedan, hago fideos. Nada se tira".
Además de pastas, en la sala del CIMAC conviven otros emprendimientos: "Una chica hace tartas, otras barritas, otra pizzas y hamburguesas. Y ahora va a entrar una señora que hace alfajores. Entre todos nos vamos complementando".
Uno de sus objetivos es ofrecer variedad e innovación. "Trato de hacer de todo un poco para que la gente tenga opciones. Porque si no, se queda siempre con lo clásico. A mí me gusta probar cosas nuevas. Busco recetas, me meto en páginas, investigo", relata entusiasmado.
Su vínculo con los clientes es cercano. "Estoy muy agradecido con toda la gente que confía en nosotros. Siempre trato de dar lo mejor. Hay clientes que vienen todos los fines de semana, ya nos conocemos. Es lindo eso, porque uno se siente acompañado".
Para cerrar, deja un mensaje claro: "Agradezco a todos por el apoyo. Ésto lo hago con mucho cariño y siempre tratando de superarme. Los espero, como siempre, con lo mejor que sé hacer".
Marcelo Migüel es una muestra de cómo la voluntad de reinventarse, sumada a un espacio adecuado para trabajar y a una comunidad que valora lo local, puede dar como resultado un emprendimiento con sabor, identidad y mucho futuro.