Nosotros cumplimos con nuestro deber
A 43 AÑOS DEL CONFLICTO EN EL ATLÁNTICO SUR
El veterano de guerra Saúl Belozcar recuerda su experiencia en el portaaviones 25 de Mayo, la incertidumbre antes del desembarco y el sacrificio de quienes lucharon en el Atlántico Sur. "Nos cortaron todas las comunicaciones con nuestra familia y no sabíamos por qué", relata.

Cada 2 de abril, Argentina recuerda a los caídos y veteranos de la Guerra de Malvinas. Entre ellos está Saúl Belozcar, quien vivió el conflicto desde el portaaviones ARA 25 de Mayo. A 43 años de la gesta, comparte su historia, una que, según él, tiene pasajes poco conocidos. "El mundo no se centra únicamente en la vida, el tema de la batalla también tuvo un short. O sea, hubo una batalla que fue el 3 de abril y no se habla", enfatiza.
Belozcar fue convocado al servicio militar obligatorio a los 18 años, un destino que lo llevó directamente a la Armada. "Yo entré en junio de 1981. Me tocó hacer la instrucción en Marina, en Puerto Belgrano, y luego fui destinado al portaaviones 25 de Mayo como mozo en el comedor de los suboficiales", recuerda.
El inicio de 1982 trajo señales de que algo cambiaría. "Cerca del 15 de marzo nos cortaron todos los francos y las comunicaciones con nuestra familia. No sabíamos por qué", cuenta. Su rol en el barco se modificó: "Me bajan del portaaviones y me llevan a hacer un curso de antiaéreo. Nos instruyen también en amunicionamiento de aeronaves".
LA OPERACIÓN Y LA INCERTIDUMBRE
Los días previos al desembarco fueron de movimiento intenso en Puerto Belgrano. "Se sentía algo raro porque en la dársena estaban todos los buques: el portaaviones, el crucero General Belgrano, las fragatas misilísticas y destructores. Y enfrente nuestro, el Cabo San Antonio, un buque de desembarco. Veíamos que subían jeeps, camiones, tanques anfibios, pero como había operativos, pensábamos que era un simulacro", explica.
Sin embargo, el 1 de abril, en la madrugada, la realidad se impuso. "Nos llaman a zafarrancho de combate. A las 6 de la mañana del 2 de abril nos comunican que habíamos tomado las Islas Malvinas", relata. Para entonces, la incertidumbre era total: "Dormíamos con los chalecos y los cascos. Nos habían recomendado hacerlo. La adrenalina estaba a full".
Belozcar detalla el protocolo dentro del portaaviones: "Todos corren en el mismo sentido. No podés ir en contra. Las puertas de las cubiertas se cierran rápido para sellar los sectores en caso de ataque. Detrás nuestro viene la compañía de Control de Avería, que son los bomberos. Si te quedás atrás, no podés salir".

LAS HISTORIAS NO CONTADAS
Con el correr del tiempo, Belozcar pudo reconstruir detalles del conflicto. "Había sobres que se iban abriendo a medida que avanzaba la operación Rosario. Ni siquiera los capitanes sabían todo lo que iba a pasar", asegura. Además, señala la falta de reconocimiento a algunas batallas: "No se habla del 3 de abril. Y después vino todo el accionar de los aviones y los buques en el Atlántico. Por algo se llama la guerra del Atlántico".
El regreso tampoco fue fácil. "Nos trataron como héroes por unos días, pero después nos hicieron a un lado. Nadie quería hablar de Malvinas", lamenta. Hoy, años después, sigue recordando a sus compañeros caídos y mantiene viva la memoria de lo que vivió: "Nosotros cumplimos con nuestro deber. Lo único que pedimos, es que no nos olviden".
