Cuando César Lagleyze ingresó a la Escuela de Mecánica de la Armada en 1979, nunca imaginó que unos años después sería testigo directo de uno de los episodios más conmovedores de la historia argentina. Tras egresar en 1981, fue asignado al portaaviones ARA 25 de Mayo. Lo que comenzó como una rutina de trabajo en la fuerza naval, cambió drásticamente en los primeros meses de 1982. "A principios de ese año, empezamos a notar cosas extrañas, había mucho movimiento en la base, se cargaban víveres y armamento en los buques. No sabíamos con certeza qué estaba pasando", relató. Finalmente, el 28 de marzo recibieron la orden de zarpar junto a otros buques hacia el sur. "En ese momento pensábamos que se trataba de un conflicto con Chile por el Canal de Beagle", recordó.
Dos días después, en alta mar, la flota se vio reforzada con la llegada de la tercera escuadrilla de aeronavegación de caza y ataque, helicópteros y otras aeronaves. Sin embargo, la verdadera misión se reveló el 1° de abril. "A eso de las 10 de la mañana, por audífono, el subcomandante nos informó que el 2 de abril a las 6 de la mañana íbamos a recuperar las Islas Malvinas", rememoró. "Nos quedamos sin palabras. Nadie tenía idea de que algo así estaba por suceder".
Esa noche, todo el personal pasó por la enfermería para recibir la vacuna antitetánica. Al amanecer del 2 de abril, la flota ya estaba frente a las costas de las islas. "Nuestro rol era de apoyo logístico, desde donde salían los helicópteros y aviones hacia Malvinas. La toma fue rápida, aunque los británicos ya habían sido alertados por los estadounidenses sobre nuestra llegada", explicó Lagleyze. Durante el operativo falleció el capitán Pedro Giachino, el primer caído argentino del conflicto. "Cuando se izó la bandera nacional, sentimos que habíamos cumplido con nuestro deber", expresó.
UN BRINDIS QUE QUEDÓ EN LA MEMORIA
Entre los recuerdos más emotivos de aquellos días, Lagleyze destacó una anécdota con el pringlense Aroldo Romano, otro marino que prestaba servicio en el Crucero ARA General Belgrano. "Aroldo, Alberto Díaz y yo solíamos reunirnos en el casino de suboficiales para compartir momentos. La noche antes de zarpar, nos encontramos para cenar. Brindamos pensando que pronto estaríamos de regreso, que los ingleses no vendrían y que íbamos a reencontrarnos con los muchachos para otra cena", contó con nostalgia.
Sin embargo, el destino tenía otros planes. El 2 de mayo de 1982, el submarino nuclear británico HMS Conqueror atacó y hundió el Belgrano, dejando un saldo de 323 muertos, entre ellos Aroldo Romano. "Cuando nos enteramos, la tripulación entera del portaaviones lloró desconsoladamente. Fue un golpe durísimo", reconoció. Poco después, el 17 de mayo, el ARA 25 de Mayo fue retirado de operaciones y trasladado a aguas menos profundas para evitar ser blanco de los submarinos británicos. Finalmente, la tripulación regresó a Puerto Belgrano.
EL RECUERDO DE UN HÉROE
Aroldo Rubén Romano nació en Coronel Pringles el 20 de julio de 1962. Cursó sus estudios primarios en la Escuela Nº 1 "Domingo Faustino Sarmiento" y continuó su formación en la Escuela Normal "José Manuel Estrada", donde sus compañeros lo distinguieron como "Mejor Compañero". En 1981 fue llamado a cumplir con el Servicio Militar Obligatorio y asignado a la Marina, lo que lo llevó a formar parte de la tripulación del Belgrano.
"Aroldo era una excelente persona, un tipo de principios, querido por todos. Cuando nos despedimos aquella noche, ninguno de nosotros imaginó que sería la última vez que lo veríamos con vida", lamentó Lagleyze.
El hundimiento del Belgrano fue uno de los episodios más controvertidos de la guerra. La embarcación se encontraba fuera de la zona de exclusión y se dirigía al continente cuando fue atacada. "Era un buque de la Cruz Roja, lo que convierte ese ataque en un acto injustificable", afirmó el veterano de guerra.
Hoy, a más de cuatro décadas de aquel conflicto, César Lagleyze sigue recordando con emoción a sus compañeros caídos y la experiencia vivida. "No importa cuántos años pasen, las Malvinas siguen doliendo. Pero también nos recuerdan que la memoria es un compromiso con quienes ya no están", concluyó.