Entrevistas Exclusivas

Ir a la Antártida es una experiencia única, aunque ésta va a ser mi última vez
Ir a la Antártida es una experiencia única, aunque ésta va a ser mi última vez

PERFILES

Así lo aseveró la Observadora Meteorológica Paola Pérez. La Pringlense ya estuvo en la base Esperanza y a fines de octubre de este año irá nuevamente, pero a la base Marambio, donde pasará 12 meses en el continente blanco, recabando y transmitiendo los datos del tiempo. En una entrevista nos cuenta cómo fue su primera experiencia, cómo es estar un año en un lugar inhóspito  y extremo como éste y cómo se prepara para esta nueva experiencia. 

Quien no quisiera tener una experiencia extrema en la vida y quizás una de ellas, podría ser vivir durante 12 meses en un lugar inhóspito, donde hay que convivir con temperaturas bajo cero, vientos de más de 100 kilómetros, nieve y varios días con sol o con oscuridad total. Obviamente no cualquier persona  podría estar preparada para vivir en condiciones tan hostiles, pero solo aquellas que tienen vocación por su trabajo y que se proponen desafíos sin límites, pueden concretarlo. Este es el caso de una pringlense, Paola Pérez, una observadora meteorológica que ya estuvo 12 meses viviendo en la Base Esperanza en la Antártida y que a fines de octubre partirá nuevamente hacia este continente para trabajar durante 12 meses más en la conocida base Marambio. Por este motivo en la entrevista de "Perfiles" de El Diario de Pringles quisimos conocer qué la llevó a tomar esta decisión, cómo fue su experiencia anterior y cómo se prepara para realizar una tarea, que sin lugar a dudas, no será nada fácil, alejada de sus afectos, de su vivienda y de su vida cotidiana. 

-¿Cómo surgió esto de la Meteorología, qué te llevó a seguir estudiando y perfeccionarte en esta actividad?

En mi caso cursé el secundario en la Escuela Agrotécnica, teníamos algunas materias, no relacionadas, pero donde se tocó un poquito el tema de meteorología  muy ampliamente, y eso despertó mi interés. Después tuve la posibilidad de hacer una pasantía  para poder experimentar el trabajo que haría a futuro, y  tuve la oportunidad de ir al Aeropuerto de Bahía Blanca, a ver cómo trabajaban, cuáles eran las diferentes ramas en las que me podía desempeñar, y desde el Aeropuerto me ayudaron mucho en la orientación,  el llenado de planillas, e informarme dónde y qué podía estudiar  dentro de la meteorología.  Eso hizo que me inscribiera en un instituto de la Fuerza Aérea,  primero hice un año en Buenos Aires, se hace en conjunto con una carrera militar,  y después me destinaron al Aeropuerto de Santa Rosa, La Pampa.

-¿Actualmente seguís trabajando en el Aeropuerto de Santa Rosa?

Continué mis  prácticas en el aeropuerto y después comencé a trabajar sola.  Desde ahí fui perfeccionándome durante todo el tiempo que ha  pasado,  siempre a distancia o realizando cursos, pero pudiendo trabajar en el aeropuerto, haciendo lo que a mí me gustaba, que era la meteorología.  En el aeropuerto estoy trabajando desde hace 12 años.

-¿Cómo surgió la posibilidad de ir a la Antártida, es algo que  buscaste?

Es algo que yo busqué. Recuerdo que cuando fui a Bahía Blanca  había un hombre que me mostraba fotos  y primero era asombro total. Después cuando empecé a ingresar en el tema,  conocí a gente que había ido, no mucha porque desde la parte de meteorología van  10 por año a las diferentes bases, entonces es reducido.  Iba adquiriendo esas experiencias que me contaban   y todo me gustaba. Pero tomar la decisión de ir  es muy difícil, por lo menos la primera vez.  A mí me llevó varios años. También hay que tener determinada experiencia trabajando en el continente, como  para poder ir, hay que hacer las cosas dentro de todo bien. Es así que  traté de tomar la decisión, y cuando me decidí, me inscribí.

 


-¿Para ello tuviste que  participar de un concurso donde había muchos participantes?

 

Primero se hace una selección desde el Servicio Meteorológico Nacional. El primer año que me anoté, en el 2015, éramos alrededor de 60 personas, y fuimos seleccionados. Lo tomé con toda la alegría y con toda la responsabilidad que  implicaba, porque  por ahí uno no toma conciencia hasta que llega al lugar y ve las ganas de todos, la cantidad que son,  la gente preparada que hay.   Ahí te das cuenta que todos quieren ir y que todos tienen la misma oportunidad,  y cuando terminás siendo seleccionado, te percatás  del privilegio que tenés y lo cuidás desde ese lugar. Fuimos a ese concurso, quedé seleccionada, y después tuve que comenzar con todos los  preparativos, los cursos pre antárticos, preparación de cargas,  y un montón  de cosas que hay que hacer antes de ir.

 

-¿Cómo viviste ese momento en el que te enteraste que  habías sido seleccionada?

 

Estaba sola en la casa de mi hermana,  abrí el mail y lo vi, no lo podía creer, lloraba de la emoción,  llamé a mi familia para contarles, y ahí empezaron los nervios.

 

-Ese periodo de preparación: ¿Cuánto tiempo te demandó?

 

Más o menos son tres meses antes de la partida,  que estás en preparación, de todo lo que te vas a llevar, de toda tu carga personal,  más la carga de la base. Además, tenés que  hacer cursos relacionados a meteorología, para ir más preparado. No es lo mismo trabajar en el continente Argentino,  y en el continente Antártico, las condiciones son totalmente distintas, y más o menos te preparan para ir con un  panorama más claro.

 

-En tu caso viajaste y llegaste primero a la base Maramio: ¿Cómo fue esa experiencia?

 

De Marambio había visto muchísimas fotos, creo que es lo que todo el mundo más conoce. El momento del aterrizaje no me lo olvido más, ya que el avión, en este caso un Hércules de la fuerza aérea aterriza sobre tierra, entonces  se siente  mucho ruido y hay tierra por todos lados. Es una mezcla de susto, nervios, ansiedad. No lo podía creer, creo que estuve unos cuantos días como en una nebulosa.  A eso se suma que nosotros llegamos en verano, no hay noche,  manejás una adrenalina súper intensa, y   estás todo el día súper despierta,  es un poco raro y difícil de explicar.

 

 


-¿Los preparan para vivir todo el día con sol?

 

Te lo dicen. Te dicen muchísimas cosas, y uno al ir por primera vez, trata de escuchar todo. Y después los mismos  nervios de la partida, de querer hacer todo antes de irte, de que no te quede nada, es inevitable que te olvides cosas.  Más allá de todo lo que te dicen, vivirlo es único.  Muchas veces me preguntan ¿qué es lo más lindo, por qué querés volver a ir?, Y estoy totalmente segura de que por más que yo se los diga,  es muy difícil poder explicarlo con palabras, porque es hermoso.

 

-Después te trasladaron a base Esperanza, donde desempeñaste tus funciones. ¿En qué consistían las mimas?

 

Llegué a Marambio el 6 de enero, estuve dos días esperando, porque en la época de verano es todo el recambio de personal,  y también todo el trabajo de científicos, entonces la base explota de gente. Nos trasladaron en un helicóptero,  todas experiencias nuevas, porque más allá de que yo pertenezco a la Fuerza Aérea,  había volado muy poquitas veces.

Llegamos a la base Esperanza, y era muchísimo más linda que la base Marambio,  tiene montañas y al otro costado está  el mar,  y me enamoré de esa base.   Llegás y tenés que trabajar.  Por lo general tenés a dos personas que están esperando que llegue su relevo, que en este caso éramos notros y te explican todo.  Más o menos vas con experiencia que llevás desde acá, pero hay cosas que son distintas.  Tuve la suerte de ir con alguien que ya había ido, eso es muy importante. La otra persona  está con todas las luces puestas  y vos estás medio en una nebulosa.  Después te vas adaptando. A los tres días estás listo para arrancar al 100%. Nuestro trabajo consistía en estar las 24 hs del día  haciendo observaciones meteorológicas cada 3 hs.  Nosotros fuimos dos personas a la base Esperanza, a diferencia de la base Marambio, a donde  van tres o cuatro.  Un día trabajaba la otra persona  y un día yo, así durante un año, los sábados, domingo, Navidad, Año Nuevo, todo un año, no se puede parar. La meteorología tiene que ser un dato constante.

 

-Obviamente para tomar datos hay que salir al exterior, y eso no debe ser tarea fácil. ¿Cómo fueron las primeras experiencias, lidiar con viento y las bajas temperaturas?

 

Es parte de la experiencia,  a mí me gustaba mucho salir. Por lo general la complicación más grande que podés tener es el viento. Esperanza es una base muy propensa a los vientos fuertes, de 90  nudos, que son 180 km/h,  entonces cuando las condiciones esas estaban presentes, tomábamos determinados recaudos.  A veces cuando somos dos, no es lo mismo si te caes vos, a que te caigas y se caiga el otro encima. Entonces es preferible ir sola y que esté alguien mirándote desde la puerta, y  si te pasa algo, que  vaya a auxiliarte. Hemos llegado a atarnos, con una soga desde la puerta de la oficina  hasta  lo que es el abrigo meteorológico,  teníamos una soga con un arnés. Pero si te caés, quedás colgando,  entonces a veces no sabés cuáles  son las medidas correctas  para tomar.  Pero siempre se hace con cuidado, no haciendo locuras, pero viviendo la experiencia. No dejábamos de salir.  Con 80 nudos no salimos,   teníamos un tope de 35 o 40 nudos. Pero había momentos en los que no tenías elección. Por ejemplo,  iba mi compañero a tomar el turno y capaz  que había 70 nudos y yo me quería ir a dormir, y arrancábamos. Nos hemos caído, pero es parte de vivir la experiencia también,  estás en un lugar donde las condiciones son súper extremas,  está bueno vivirlas, siempre con cuidado y respetando el lugar.

 

 


-¿Cuál es el tiempo máximo de exposición en el exterior?

 

Teníamos una tabla designada  con respecto a la temperatura que tenés en el momento, sumado al viento, y eso determina si tenés   10, 15, 20 minutos, o 30 minutos para salir y entrar. En época de temporal, en la base que estuve, teníamos una escuela con chicos, éramos sumamente atentos con eso,  y se suspendían las clases. Pero nosotros los meteorólogos  estábamos firmes al pie del cañón, trabajábamos igual,  se puede salir igual, pero súper abrigados,  con mucho cuidado y con prendas especiales.

 

-¿Qué medidas tomaban?

 

Para una observación de las 9 de la mañana, que es la más importante,  y es la que mayor datos contiene, tomábamos temperatura del termómetro seco que es  la temperatura actual, un termómetro húmedo,  que eso nos da una derivada del punto de rocío, humedad,  y tensión del vapor.  Observábamos también el viento. Cuando salíamos,  teníamos una veleta,  y corroborábamos la dirección y los nudos, corroborábamos que el instrumental esté funcionando bien. Nubosidad, visibilidad, el fenómeno que tenés en el momento, si está nevando, si tenés niebla, que son los fenómenos más persistente allá,  ventisca,  y después las temperaturas máximas, mínimas,  y cantidad de precipitación, en este caso sólida.

 

-¿Cómo se siente el frío de la Antártida,  comparada con una helada de Pringles?

 

Es muy seco, yo lo sentía como que penetraba un poco más, pero no era tan constante.  El frío lo sentías mucho cuando estabas afuera. Y lo que vivís como experiencia distinta, por ejemplo se te congelan los pelitos de la nariz, las pestañas, a veces se te pegaban un poquito los ojos.

 

-¿En las instalaciones donde viven, con qué comodidades cuentan?

 

En la base Esperanza teníamos una casa para el personal femenino, que iba sin su familia,  estábamos súper bien, tranquilas, yo tenía mi habitación,  cocina, teníamos todo para nosotros sin tener que compartir. Éramos 4 chicas viviendo en una casa con 3 habitaciones,  así que estábamos re cómodas. La base Marambio  es totalmente distinta, las habitaciones y los baños son más compartidos.

 

-¿A la hora del almuerzo, y  la cena, cuentan con cocinero o se tiene que cocinar ustedes?

 

Siempre hay cocinero, ayudantes de cocina. En Esperanza nos cocinaban, y nosotros íbamos a buscar la comida,  la traíamos hasta la casa, y comíamos las cuatro juntas, y se compartía los sábados a la noche  y los domingos o  cuando era algún día especial, el Día de la Madre, el Día del Padre, etc.

 

-¿En la base  Marambio  hace más frío que en la base Esperanza?

 

Esperanza es más ventoso, entonces eso te baja muchísimo la sensación térmica,  y Marambio es menos ventoso,  pero tiene por lo general unos 5°C menos.

 

-¿Es fácil vivir un año en la Antártida?

 

No es nada fácil, ya que pasás por varios estados, primero somos todos amigos, después no somos más amigos, después extrañás a tu familia, te querés ir, después te querés quedar, convivís con personas con las que nunca antes has estado, son muchas cosas por la que una pasa.  Perdés la noción de los días, en un momento porque son casi todos iguales.

 

 


-¿Cómo hacen para comunicarse con sus familiares?

 

A través de internet, por ahí en días de temporal se corta internet, pero siempre contamos con el teléfono fijo para llamar cuando lo necesitamos, igual nos comunicamos por WhatsApp y por videollamada. Después me ha tocado trabajar en Navidad, lejos de la familia, pero al menos en la base nos juntamos todos, alguien se disfraza de Papá Noel y comemos todos juntos y brindamos.

 

-¿Qué hacés durante las 24 horas que tenés franco?

 

Primero aprovecho a dormir, sobre todo en invierno que acumulás mucho cansancio, después voy al gimnasio, ya que contamos con gimnasios bien equipados, podés ir a la carpintería y hacer trabajos, eso va en cada uno, de acuerdo a las actividades que querés hacer.

 

-¿Cuáles son las temperaturas máximas y mínimas que has tenido que afrontar?

 

En Esperanza hemos tenido temperaturas de -40º C (bajo cero) y 60º C de Sensación Térmica y la máxima de viento fue de 99 nudos,  y en una ocasión en un temporal literalmente volé con la fuerza del viento, hasta que pude reponerme y agarrándome de lo que podía, pude regresar.  

 

-¿Qué fauna habita en la base?

 

Hay dos clases de pingüinos, salvo el emperador que se encuentra más al polo sur, después hay diferentes tipos de focos y también hay ballenas aunque en mi caso no llegué a ver. Después hay diferentes aves.

 

-¿Cuándo te vas a Marambio y cómo te preparás?

 

Me voy en la última semana de octubre y ya estuve realizando diferentes cursos de preparación en el Servicio Meteorológico Nacional, después otro de 15 días con la Marina y ahora me queda otro curso de tres semanas, donde nos instruyen sobre el cuidado del medio ambiente y demás.  Sin lugar a dudas poder ir a la Antártida es una experiencia única, aunque ésta va a ser mi última vez. Es otro año entero de trabajo, pero ya voy con la experiencia de la base Esperanza, así que espero que no se haga tan largo. 

 





Publicado por EL DIARIO


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